La trascendencia hacia el Ser, por David R. Hawkins

La trascendencia hacia el Ser, por David R. Hawkins

Anoche terminé de leer el libro Dejar Ir, de David R. Hawkins. Una lectura muy recomendable para practicar la entrega al Espíritu Santo de cualquier emoción o sensación negativa. Pero no vengo a hablaros del libro, sino de la nota del autor que encontré al final del mismo.Pude ver similitudes en su infancia con algunas experiencias vividas en la mía. Al leer sus experiencias pude ver cómo aquellos eventos pretendían acercarme al Ser, pero mi ego se encargó de convencerme de todo lo contrario, tomando el control aterrorizado por que me acercase a la verdad y descubriese su engaño. Pero lo que me dejó completamente “tocada”, pues no puedo encontrar otra palabra que lo defina, son sobre todo los últimos párrafos, donde habla de la trascendencia total de nuestra existencia en este mundo y el paso a la Unidad total o la vuelta al Ser.

Espero os guste este texto tanto como a mí y gracias a todos por compartir y comentar.

Fuente del texto de Hawkins a continuación extraída de: http://descubriendolaluz.wix.com/david-r-hawkins

En los libros de David R. Hawkins, al final, podeis leer esta nota del autor:

Nota Autobiográfica

Si bien las verdades expuestas en este libro estaban científicamente fundamentadas y objetivamente organizadas, al igual que todas las verdades, con anterioridad a todo ello, se experimentaron personalmente. Toda una vida de intensos estados de conciencia, que comenzaron a edad temprana, inspiro y dio dirección al proceso de realización subjetiva que, finalmente, tomo la forma de este libro.

A los tres años de edad, tuvo lugar una repentina consciencia plena de la existencia, una comprensión no verbal pero completa del significado del “Yo Soy”, seguido inmediatamente por la temible toma de conciencia de que el “yo” podría no haber venido a la existencia. Esto fue un despertar instantáneo, desde el olvido hasta una conciencia consciente, y en ese momento nació el yo personal, entrando la dualidad “Es” y “ No Es” en mi conciencia subjetiva.

A lo largo de toda la infancia y primera adolescencia, la paradoja de la existencia y la pregunta de la realidad del yo no dejaron de ser una preocupación. El yo personal se deslizaba a veces en un Yo impersonal más grande, y el miedo inicial a la no existencia, el miedo fundamental a la nada, volvía a aparecer.

En 1939, cuando era repartidor de periódicos, con un recorrido de treinta quilómetros en bicicleta por los campos de Wisconsin, en una oscura noche de invierno, me sorprendió una ventisca de nieve de veinte grados bajo cero a mucha distancia de casa. La bicicleta tropezó con el hielo, y el viento endiablado arranco los periódicos de la cesta del manillar, arrastrándolos por el campo nevado cubierto de hielo. Cayeron lágrimas de frustración y de cansancio, mientras las ropas se quedaban congeladas y rígidas. Para ponerme a resguardo del viento, hice un agujero en el hielo en una gran masa de nieve y me metí a rastras en el. Los temblores no tardaron en cesar y en dar paso a una sensación deliciosamente cálida, para luego entrar en un estado de paz indescriptible, que vino acompañado de un baño de Luz y una presencia de infinito amor sin principio ni final, que no se diferenciaba de mi propia esencia. El cuerpo físico y todo lo que me rodeaba se desvaneció a medida que mi conciencia se fundía con este estado omnipresente e iluminado. La mente quedo en silencio; todo pensamiento ceso. Una Presencia Infinita era todo lo que había o podía haber, mas allá de cualquier tiempo o descripción.

Después de ese estado de intemporalidad, llego de pronto la conciencia de alguien que me sacudía la rodilla y, luego, apareció el ansioso rostro de mi padre. Sentía una gran reluctancia a volver al cuerpo y a todo lo que suponía, pero el amor y la angustia de mi padre hicieron que el Espíritu nutriera y reactivara el cuerpo. Había una gran compasión por el miedo de el a la muerte, aunque, al mismo tiempo, el concepto de muerte parecía absurdo.

No se hablo con nadie de esta experiencia subjetiva, dado que no había disponible contexto alguno a partir del cual describirla. No era habitual oír hablar de experiencias espirituales, salvo las que se contaban de las vidas de los cantos. Pero, después de esta experiencia, la realidad aceptada del mundo empezó a antojarse tan solo provisional; las enseñanzas religiosas tradicionales habían perdido el sentido y, paradójicamente, me hice agnóstico. Comparado con la luz de la Divinidad que había iluminado toda existencia, el dios de la religión tradicional brillaba con una luz mortecina; y así, la espiritualidad sustituyo a la religión.

Durante la segunda guerra mundial, las peligrosas tareas a bordo de un dragaminas solían llevarnos a las proximidades de la muerte, pero no había ningún miedo ante ella. Era como si la muerte hubiera perdido su autenticidad. Después de la guerra, fascinado con las complejidades de la mente y queriendo estudiar psiquiatría, lleve a cabo mis estudios en la facultad de medicina. Mi psicoanalista instructor, un profesor de la Universidad de Colombia, también era agnóstico; los dos teníamos una visión muy sombría de la religión. El análisis fue bien, al igual que mi carrera, y todo termino satisfactoriamente.

Sin embargo, mi vida profesional no fue tan tranquila. Cal enfermo de una dolencia progresiva y fatal, que parecía no responder a los tratamientos habituales. A los treinta y ocho años de edad, estuve in extremis, y supe que estaba a punto de morir. No me preocupaba el cuerpo, pero mi espíritu estaba en un estado de angustia y desesperación extremas. Y, cuando se aproximaba el ultimo momento, un pensamiento fulguro en mi mente, “Y que pasaría si existiera Dios?”. De modo que me puse a orar: “Si existe un Dios, le pido que me ayude ahora”. Me rendí ante cualquier Dios que pudiera haber y me sumí en el olvido. Cuando desperté, había tenido lugar una transformación tan enorme que me quede mudo de asombro.

La persona que yo había sido ya no existía. Ya no había un yo o un ego personal, solo una Presencia Infinita de un poder tan ilimitado, que no había nada mas que eso. Esa Presencia había sustituido a lo que había sido “yo”, y el cuerpo y sus acciones estaban controlados ahora solo por la Voluntad Infinita de la Presencia. El mundo estaba iluminado con la claridad de una Unidad Infinita, que se expresaba en todas las cosas reveladas en su belleza y perfección infinitas.

Esta serenidad persistió con el transcurso de los años. No había voluntad personal; el cuerpo físico seguía llevando a cabo sus asuntos bajo la dirección de la infinitamente poderosa, pero exquisitamente suave, Voluntad de la Presencia. En ese estado, no había necesidad alguna de pensar en nada. Toda verdad era evidente en si misma, y ya no era necesaria ninguna conceptualización, ni siquiera era posible. Al mismo tiempo, el sistema nervioso parecía estar sometido a prueba, como si estuviera llevando mucha mas energía de la que permitía el diseño de sus circuitos.

No era posible funcionar de forma eficaz en el mundo. Las motivaciones ordenarlas habían desaparecido, junto con el miedo y la ansiedad. No había nada que buscar, dado que todo era perfecto. La fama, el éxito y el dinero carecían de sentido. Los amigos me instaban pragmáticamente a que volviera a la consulta clínica, pero no había ninguna motivación ordinaria que me llevara a ello.
Ahora podía percibir la realidad que subyace a las personalidades; el origen de las dolencias emocionales se halla en la creencia de las personas de que ellas son sus personalidades. Y así, como por si mismo, el consultorio clínico se volvió a poner en marcha y, con el tiempo, creció enormemente.

Venia gente de todos los Estados Unidos, y el consultorio llego a tener dos mil pacientes externos, que precisaban de mas de cincuenta terapeutas y demás empleados, con veinticinco oficinas, y laboratorios de investigación y electroencefalográficos. Cada año, llegaban mil pacientes nuevos y, además, comenzaron a darse entrevistas en la radio y en los programas de las cadenas de televisión, como ya se ha mencionado. En 1973, las investigaciones clínicas se documentaron en el formato tradicional de un libro, Orthomolecular Psychiatry. Esta obra iba diez años por delante de su tiempo, y genero cierto revuelo.

Las condiciones generales del sistema nervioso mejoraron lentamente y, luego, comenzó otro fenómeno. Había una dulce y deliciosa corriente de energía que fluía constantemente hacia arriba por la medula espinal para entrar después en el cerebro, donde generaba una intensa sensación de placer ininterrumpido. Todo en la vida sucedía por sincronicidad y se desarrollaba en perfecta armonía; lo milagroso era habitual. La Presencia, y no el yo personal, era el origen de lo que el mundo llamaría milagros. Lo que quedaba del “yo” personal era solo un testigo de estos fenómenos. El “Yo” mayor, mas profundo que mi anterior yo o mis anteriores pensamientos, determinaba todo cuanto sucedía.

De los estados que se presentaban habían dado cuenta otros a lo largo de la historia, y eso llevo a la investigación de las enseñanzas espirituales, entre ellas las de Buda, las de sabios iluminados, las de Huang Po, y las de maestros mas recientes, como Ramana Maharshi y Nisargadatta Maharaj. Así quedo confirmado que estas experiencias no eran únicas. El Bhagavad-Gita tenia ahora pleno sentido, y a veces nos encontrábamos con que Sri Rama Krishna y los santos cristianos daban cuenta de los mismos éxtasis espirituales.

Todos los objetos, todas las personas en el mundo eran luminosos y exquisitamente hermosos. Todos los seres vivos se hicieron Radiantes, y expresaban esta Radiación en serenidad y esplendor. Era evidente que toda la humanidad estaba en realidad motivada por el amor interior, pero que simplemente ya no era consciente de ello; la mayoría de las personas viven como en un sueño, y no despiertan a la conciencia de lo que realmente son. La gente a mi alrededor parecía estar dormida, y era increíblemente hermosa. Era como si estuviera enamorado de todo el mundo.

Tuve que dejar la practica habitual de meditar durante una hora por la mañana y otra hora después de cenar, porque intensificaba el arrobamiento hasta tal punto, que no era posible funcionar en el mundo. De nuevo, hubo una experiencia similar a la que había tenido lugar bajo aquella masa de nieve cuando era un chico, y cada vez resultaba mis difícil dejar aquel estado para volver al mundo. La belleza increíble de todas las cosas brillaba en toda su perfección, y donde el mundo veía fealdad, solo había belleza intemporal. Este amor espiritual impregnaba toda percepción, y desaparecieron todos los limites entre el aquí y el allí, el después y el ahora, o la separación.

Durante los años pasados en el silencio interior, creció la fuerza de la Presencia. La vida ya no era personal; ya no existía la voluntad personal. El “yo” personal se había convertido en un instrumento de la Presencia Infinita, e iba de aquí para allí y hacia las cosas como si tuviera voluntad. La gente sentía una extraordinaria paz dentro del aura de esa Presencia. Los buscadores buscaban respuestas, pero ya no había nada individual que respondiera al nombre de David. Ciertamente, se daban respuestas muy delicadas desde el propio Yo de ellos, que no era diferente del mió. En cada persona, el mismo Yo brillaba en sus ojos.

Lo milagroso acaeció mas allá de la comprensión ordinaria. Desaparecieron muchas dolencias crónicas que el cuerpo había estado sufriendo durante años; la visión ocular se normalizo espontáneamente, y ya no hubo mas necesidad de llevar unas lentes bifocales que, en teoría, debían haber sido para toda la vida.

De vez en cuando, una energía exquisita de arrobo, un Amor Infinito, comenzaba a irradiar de pronto desde el corazón hacia el escenario de alguna calamidad. Una vez, mientras conducía por la autopista, esta energía exquisita comenzó a brillar en el pecho. Al tomar una curva, apareció un automóvil accidentado; el vehículo estaba volcado, y las ruedas aun estaban girando. La energía paso, con gran intensidad desde el pecho hasta los ocupantes del automóvil, y luego se detuvo por si sola. En otra ocasión, mientras iba caminando por una calle de una ciudad que no conocía, la energía comenzó a fluir en dirección a la manzana siguiente, hasta llegar a la escena de una incipiente pelea de pandillas. Los muchachos se retrajeron y se echaron a reír; y, entonces, una vez más, la energía se detuvo.

Profundos cambios de percepción se dieron sin previo aviso en circunstancias improbables. Mientras cenaba solo en Rothman’s, en Long Island, la Presencia se intensifico de pronto hasta que cada objeto y cada persona, que parecían estar separados bajo la percepción ordinaria, se desvanecieron en una universalidad y unidad intemporal. En aquel Silencio inmóvil, se hizo obvio que no había acontecimientos” ni “cosas”, y que en realidad nada “ocurre”, porque pasado, presente y futuro no son mas que artefactos de la percepción, al igual que la ilusión de un “yo” separado, sujeto al nacimiento y la muerte. A medida que el yo limitado y falso se disolvía en el Yo universal de su verdadero origen, surgía la sensación inefable de haber vuelto a casa, a un estado de absoluta paz y de alivio de todo sufrimiento. Es únicamente la ilusión de la individualidad la que da origen a todo sufrimiento; en cuanto uno se da cuenta de que en realidad es el universo, completo y uno con “Todo lo que es”, para siempre sin fin, ya no es posible ningún sufrimiento.

Venían pacientes de todos los países del mundo, algunos de ellos eran los mas desesperados de los desesperados. Llegaban con aspectos grotescos, retorcidos, envueltos en sabanas húmedas, con las que los transportaban desde lejanos hospitales, esperando un tratamiento para una psicosis avanzada y para trastornos mentales graves e incurables.

Había algunos catatónicos; muchos habían estado mudos durante años. Pero, en cada paciente, por debajo de su apariencia lisiada, estaba la brillante esencia del amor y la belleza, quizá tan oscurecida para la visión ordinaria que la persona había llegado a no sentirse amada por nadie en el mundo.

Un día, trajeron a una catatónica muda al hospital con una camisa de fuerza. Tenia un grave trastorno neurológico y era incapaz de mantenerse en pie. Se retorcía en el suelo, con espasmos y con los ojos en blanco. Tenia el cabello enmarañado; había desgarrado toda su ropa y emitía sonidos guturales. Su familia era bastante rica y, debido a ello, la habían estado viendo durante años un sinfín de médicos y de especialistas de todo el mundo bastante famosos. Se había intentado todo con ella, y la profesión medica se había dado por vencida con su desesperanzador caso.

Surgió una escueta pregunta sin verbalizar: “¿Que quieres hacer con ella, Dios?”. Y entonces se hizo claro que lo único que aquella mujer necesitaba era que la amaran, eso era todo. Su yo interior brillaba a través de los ojos, y el Yo conecto con aquella esencia amorosa. Y en aquel mismo momento se curo, al darse cuenta de quien era realmente; lo que pudiera ocurrirle a su mente o a su cuerpo ya no le importaba.

Esto, en esencia, ocurrió con innumerables pacientes. Algunos se recuperaban a los ojos del mundo y otros no, pero a los pacientes ya no les importaba que se diera o no una recuperación clínica. Su agonía interna había terminado. En el momento se sentían amados y en paz, el dolor cesaba. Este fenómeno solo se puede explicar diciendo que la Compasión de la Presencia recontextualizaba la realidad de cada uno de los pacientes de tal modo, que experimentaban la curación en un nivel que trascendía el mundo y sus apariencias. La paz interior del Yo nos envolvía a todos mis allá del tiempo y de la identidad.

Era evidente que todo dolor y todo sufrimiento surgen únicamente del ego y no de Dios, y esta verdad se le comunicaba silenciosamente a la mente del paciente. Ese era el bloqueo mental de otro catatónico, que llevaba sin hablar muchos años. El Yo le dijo a través de la mente: “Estas culpando a Dios por lo que el ego lo ha hecho a ti”. Y el paciente dio un salto y se puso a hablar, para sorpresa de la enfermera que presenciaba el incidente.

El trabajo se hacia cada vez mis gravoso, y llego a hacerse abrumador. Se rechazaba a los pacientes, a la espera de que hubiera camas, a pesar de que el hospital había construido una Sala extra para albergarlos. Era enormemente frustrante no poder contrarrestar el sufrimiento humano mas que de uno en uno. Era como achicar agua del mar. Debía de haber algún otro modo de abordar las causas del malestar general, de aquel interminable rió de angustia espiritual y de sufrimiento humano.

Todo esto llevo al estudio de la kinesiología, que resulto ser un descubrimiento sorprendente. Era un “agujero de gusano” entre dos universos: el mundo físico y el mundo de la mente y del espíritu. Era un interfaz entre dos dimensiones. En un mundo lleno de gente dormida, que había perdido la conexión con su origen, nos encontrábamos con una herramienta que permitía recuperar, y demostrar ante todos, la conexión perdida con la realidad superior. Esto llevo a poner a prueba cada sustancia, pensamiento y concepto que pudiera ser traído a la mente. En aquel esfuerzo, recibí la ayuda de mis alumnos y de mis ayudantes de investigación. Y entonces se hizo un importante descubrimiento: mientras que todos los individuos daban una respuesta débil ante estímulos negativos, como las luces fluorescentes, los pesticidas y los edulcorantes artificiales, los estudiantes de disciplinas espirituales que habían desarrollado sus niveles de consciencia no daban respuestas débiles como las que daban las personas normales. En su consciencia, había cambiado algo importante y decisivo. Al parecer, ocurría cuando se daban cuenta de que no estaban a merced del mundo, y que solo se veían afectados por aquellas cosas en las que creía su mente. quizá el proceso de desarrollo hacia la iluminación podría enseñarse para incrementar la capacidad de resistencia del hombre ante las vicisitudes de la existencia, incluidas las enfermedades.

El Yo tenia la capacidad de cambiar las cosas del mundo, simplemente, previéndolas; el Amor cambiaba el mundo cada vez que sustituía al no amor.

La disposición general de la civilización se podía alterar profundamente concentrando este poder del amor en un punto muy concreto. Cada vez que esto sucedía, la historia se bifurcaba en nuevos caminos.

Y, ahora, daba la impresión de que estos atisbos cruciales no solo se podían comunicar con el mundo, sino que, además, se podían demostrar de forma visible e irrefutable. Daba la impresión de que la gran tragedia de la vida humana siempre había sido lo fácil que era engañar a la psique; la discordia y los conflictos habían sido las consecuencias inevitables de esa incapacidad básica de la humanidad para distinguir lo falso de lo verdadero. Pero aquí había una respuesta para este dilema fundamental, una forma de recontextualizar la naturaleza de la misma consciencia y de hacer explicable aquello que, de otro modo, solo se podía inferir.

Había llegado el momento de dejar la vida en Nueva York, con su apartamento de ciudad, y mudarse a una casa en Long Island para hacer algo mas importante. Era necesario perfeccionarme a mi mismo como instrumento, y eso suponía dejar el mundo y todo lo que hay en el para sumergirme en una vida de reclusión en una pequeña ciudad, donde pasaría siete años entregado a la meditación y el estudio.

Sin buscarlos, volvieron los abrumadores estados de arrobamiento y, con el tiempo, surgió la necesidad de aprender el modo de estar en la Presencia Divina y, aun así, seguir funcionando en el mundo. La mente había perdido el rastro de lo que estaba sucediendo en el mundo en general y, con el fin de investigar y escribir; se hizo necesario abandonar la practica espiritual y concentrarse en el mundo de la forma. Leyendo periódicos y viendo la televisión, pude ponerme al día con la historia de quien era quien, con los principales acontecimientos y con la naturaleza del dialogo social en curso.

Las excepcionales experiencias subjetivas de la verdad, que es competencia de los místicos, que influyen en toda la humanidad enviando energía espiritual a la consciencia colectiva, son algo comprensible para la mayoría de las personas y tienen por tanto un sentido limitado, salvo para otros buscadores espirituales. Esto llevo a un gran esfuerzo por ser ordinario, porque el mero hecho de ser ordinario es una expresión de la divinidad; la verdad del yo verdadero de uno se puede descubrir en el sendero de la vida cotidiana. Lo único que hace falta es vivir con cariño y con bondad. El resto se revela por si mismo a su debido tiempo. Lo corriente y Dios no son cosas diferentes.

Y así, tras un largo viaje circular del espíritu, se regreso al trabajo mas importante, que consistía en intentar traer la Presencia al menos un poco mas cerca de tantas personas como fuera posible
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La Presencia es silenciosa y transmite un estado de paz, que es el espacio en el cual y por el cual todo es y tiene su existencia y experiencia. Es infinitamente suave y, no obstante, es como una rota. Con ella, desaparece todo temor. Y, debido a que el sentida del tiempo se detiene, no hay aprensión ni pesar algunos, no hay dolor, no hay anticipación; la fuente de la alegría es interminable y siempre esta presente. Sin principio ni final, no hay perdida, ni pesar, ni deseo; no hace falta hacer nada, todo es ya perfecto y completo.

Cuando el tiempo se detiene, todos los problemas desaparecen; son meramente artefactos de un punto de percepción. Cuando se impone la Presencia, ya no hay más identificación con el cuerpo o con la mente. Y, cuando la mente guarda silencio, pensamiento “Yo Soy” desaparece también, y la Conciencia Pura brilla para iluminar lo que uno es, fue y siempre será, mas allá de todos los mundos y todos los universos, mas allá del tiempo y, por tanto, sin principio ni fin.

La gente se pregunta: “Como se alcanza este estado de conciencia?”, pero son pocos lo que siguen los pasos, debido a su sencillez. En primer lugar, el deseo de alcanzar ese estado era muy intenso. Después, la disciplina comenzó a actuar con un perdón y una ternura constantes y universales, sin excepción. Uno ha de ser compasivo con todo, incluso con el propio yo y con los pensamientos de uno.

Mas tarde, tuve que estar dispuesto a dejar en suspenso los deseos y a someter la voluntad personal en todo momento. A medida que cada pensamiento, cada sentimiento, cada deseo y cada acto se sometían a Dios, la mente se iba quedando en silencio. Al principio, se desembarazo de historias y de párrafos enteros, después de ideas y conceptos. Y, cuando uno deja de querer poseer estos pensamientos, estos ya no alcanzan tanta elaboración, y comienzan a fragmentarse cuando están a mitad de formarse. Finalmente, fue posible invertir la energía que hay tras el pensamiento antes siquiera de que se convirtiera en pensamiento.

El trabajo para fijar el enfoque fue constante e implacable, sin siquiera permitirse un instante de distracción en la meditación, y prosiguió mientras me dedicaba a las actividades habituales. Al principio, parecía muy difícil pero, con el paso de los días, se convirtió en algo habitual y automático, precisando cada vez de menos esfuerzo para, finalmente, suceder sin esfuerzo alguno. El proceso se parece al de un cohete que abandonara la Tierra. Al principio, hace falta un enorme poder pero, después, hace falta cada vez menos, a medida que la nave abandona el campo gravitatorio terrestre, hasta que, finalmente, se mueve por el espacio mediante su propio impulso.

De repente, y sin previo aviso, tuvo lugar un cambio de conciencia y la Presencia ya estaba ahí, inequívoca y omniabarcante. Hubo unos instantes de aprensión cuando el yo moría y, luego, el absoluto de la Presencia inspiro un relámpago sobrecogedor. El avance fue espectacular, mas intenso que ningún otro con anterioridad. No había nada con que compararlo en la experiencia normal. Tan profundo impacto quedo amortiguado por el amor que conlleva la Presencia. Sin el apoyo y la protección de ese amor, uno habría quedado aniquilado.

Después, vino un momento de terror, cuando el ego se aferro a la existencia, temiendo convertirse en nada. Pero, en vez de eso, cuando murió, se vio sustituido por el Yo como Totalidad, el Todo en el cual todo se conoce y es obvio en la perfecta expresión de su propia esencia. Con la no localidad, llego la conciencia de que uno es todo lo que haya existido o pueda existir. Uno es total y completo, mas allá de toda identidad, mas allá de todo genero, mas allá siquiera de su misma humanidad. Ya nunca mas habría que temer el sufrimiento ni la muerte.

Lo que sucedió con el cuerpo después de este punto es irrelevante. En determinados niveles de conciencia espiritual, los achaques del cuerpo se curan o desaparecen espontáneamente. Pero en el estado absoluto, tales consideraciones son irrelevantes. El cuerpo seguirá el curso previsto y, luego, volverá al lugar de donde vino. Es una cuestión sin importancia, y uno no se siente afectado por ello. El cuerpo se convierte en un “eso”, más que en un “yo”, como cualquier otro objeto, como un mueble de una habitación. Se le antoja a uno cómico que la gente siga dirigiéndose al cuerpo corno si fuera el “tu” individual, pero no hay forma de explicar este estado de conciencia a quien no lo haya vivido. Lo mejor es seguir adelante con los propios asuntos y dejar que la Providencia se ocupe del ajuste social. Sin embargo, cuando uno se sumerge en el arrobamiento, es muy difícil ocultar un estado de semejante éxtasis. El mundo puede quedarse deslumbrado, y la gente puede venir desde muy lejos para conectar con el aura que lo acompaña. Los buscadores espirituales y los curiosos de lo espiritual pueden sentirse atraídos, al igual que los enfermos que están buscando un milagro; uno se puede convertir en un imán y en fuente de alegría para ellos. Normalmente, en este punto existe el deseo de compartir este estado con los demás, y de utilizarlo en beneficio de todos.

El éxtasis que acompaña a este estado no es absolutamente estable; también hay momentos de gran angustia. Los mas intensos se dan cuando el estado fluctúa y, de repente, cesa sin razón aparente. En estos casos, se dan periodos de intensa desesperación, así como el temor de que la Presencia le haya olvidado a uno. Estas caídas hacen arduo el sendero y, para superarlas, hace falta una gran dosis de voluntad. Al final, se hace obvio que uno debe trascender este nivel o sufrir permanentemente estos insoportables “descensos desde la Gracia”. Así pues, hay que renunciar a la gloria del éxtasis cuando uno se sumerge en la ardua tarea de trascender la dualidad, hasta que uno esta mas allá de todos los opuestos y sus conflictivos dones. Una cosa es renunciar alegremente a las cadenas de hierro del ego, y otra muy distinta es abandonar las cadenas de oro de la dicha del éxtasis. Es como si uno renunciara a Dios, al tiempo que aparece un nuevo nivel de temor, un temor nunca antes anticipado; es el terror final de la soledad mas absoluta.

Para el ego, el miedo a la no existencia era formidable, y le hizo retraerse de el una y otra vez, cuando parezca aproximarse. Luego, se hizo evidente el propósito de las agonías y de las noches oscuras del alma. Son tan intolerables, que su exquisito dolor le espolea a uno hasta el esfuerzo extremo que hace falta para superarlas. Cuando la vacilación entre el cielo y el infierno se hace intolerable, hay que someter incluso el deseo por la existencia. Solo entonces se puede ir por fin mas allá de la dualidad de la Totalidad frente a la nada, mas allá de la existencia o la no existencia. Esta fase de culminación del trabajo interior es la mas difícil, el instante decisivo final, donde uno se hace plenamente consciente de que la ilusión de la existencia que uno trasciende aquí es irrevocable. No hay marcha atrás desde este punto, y el espectro de su irreversibilidad hace que esta ultima barrera parezca la decisión más formidable jamás tomada.

Pero, de hecho, en este Apocalipsis final del yo, la disolución de la única dualidad que queda, la de la existencia y la no existencia, la de la identidad misma, se disuelve en la Divinidad Universal, y no queda consciencia individual que pueda tomar la decisión. El ultimo paso, por tanto, lo da Dios.

David R. Hawkins

hawkins creencias limitantes afirmaciones positivas

Lección 24 Llave Maestra

LECCIÓN 24

LA LLAVE MAESTRA

SEMANA 24 DE 24

¡Enhorabuena! Has llegado a la última lección de el sistema de La Llave Maestra. Hemos pasado 6 meses juntos, practicando semanalmente la lección correspondiente, y espero que a estas alturas hayas conseguido cambiar en parte tu manera de pensar.

Ahora disfruta de una nueva vida poniendo en práctica todo lo aprendido y haciéndote consciente de que todo lo que ves surge de tu conciencia.

Si no lo has hecho ya, puedes comenzar ahora un nuevo (y definitivo) entrenamiento mental, siguiendo nuestras lecciones de Un curso de milagros. Tu mente ya tiene algunas nociones básicas para realizar un cambio radical en tu forma de ver el mundo.

El sistema ha constado de una introducción y 24 lecciones semanales. No se ha realizado más de una lección por semana. En el blog de www.irenebalsalobre.com te hemos ofrecido semanalmente estas lecciones en audio para ayudarte en tu progreso espiritual y mental.

Aquí vamos con la última lección, que podéis escuchar aquí.

PARTE 24.

 

GRACIAS POR ESTAR AHÍ.

Irene Balsalobre

La llave maestra

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Puedes comprar el libro en Casa del libro en este enlace.

Lección 20 Llave Maestra

LECCIÓN 20

LA LLAVE MAESTRA

SEMANA 20 DE 24

Esta semana os ofrecemos una nueva lección de este sistema. Recuerda que puedes escucharla tantas veces como quieras, así como practicar el ejercicio que se te indica al final de la misma según las condiciones que te pida.

Este tipo de repeticiones harán que vaya cambiando tu forma de percibir el mundo y obtendrás un mayor conocimiento de las leyes universales que funcionan igual para todo el mundo. En el menú superior podrás acceder al indice con las lecciones.

El sistema de la llave maestra es un curso de entrenamiento mental que propuso Charles F. Haanel allá por 1912. Es el sistema más novedoso y pionero en el concepto de cambiar tu vida cambiando tus pensamientos, anterior a Un curso de milagros y a El Secreto, que te enseña a cambiar tu realidad cambiando tus pensamientos.

Charles Francis Haanel (22 de mayo de 1866 – 27 de noviembre de 1949), fue un escritor y hombre de negocios estadounidense. Es conocido por su contribución al movimiento del Nuevo Pensamiento a través de su obra fundamental Sistema Llave Maestra (The Master Key System). (Fuente: Wikipedia)

Pero ¿qué es el Nuevo Pensamiento?

El Nuevo Pensamiento es una corriente filosófica que surgió a mediados del siglo XIX en Estados Unidos. Conocido en sus inicios como Ciencia Mental años más tarde recibiría el nombre de Nuevo Pensamiento (New Thought, en inglés) este movimiento creció internacionalizándose y produciendo grandes escritores durante todo el siglo XX. El Nuevo Pensamiento no es en sí una religión aunque de este movimiento surgieron algunas instituciones filosófico-religiosas como el movimiento Unity (Unity Church), la Ciencia de la Mente (Ciencia Religiosa) y la Ciencia Divina (Divine Science) entre otros, durante el siglo XIX.

El Nuevo Pensamiento es una filosofía que proclama la necesidad de una experiencia directa con el Creador, sin necesidad de intermediarios. El mensaje central del Nuevo Pensamiento es que el pensamiento de cada persona da origen a sus experiencias, a su visión del mundo. Por ese motivo el Nuevo Pensamiento pone un gran énfasis en la actitud mental positiva, la meditación y los ejercicios de afirmaciones. El Nuevo Pensamiento también tiene algunos paralelismos con el monismo hindú.

Aunque el Nuevo Pensamiento es a menudo confundido con el movimiento de la Nueva Era (New Age), el Nuevo Pensamiento precede a la Nueva Era por un siglo y a pesar de algunas similitudes no comparten muchos de sus principios fundamentales. Fuente: Wikipedia.

El sistema consta de una introducción y 24 lecciones semanales. No se debe realizar más de una lección por semana. En el blog de www.irenebalsalobre.com vamos a ofrecerte semanalmente estas lecciones en audio para ayudarte en tu progreso espiritual y mental.

Aquí vamos con la lección, que podéis escuchar aquí.

PARTE 20.

La llave maestra

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La corrección del error: la creencia en la enfermedad

LA CORRECCIÓN DEL ERROR: PRÁCTICA. CASO D) EL ERROR DE CREER QUE SE ESTÁ ENFERMO.

CONDICIONES PREVIAS:

⇰ Si alguien me ve enfermo a mi, puedo responder algo como: “estoy bien, no te preocupes”, mientras pensamos “estoy en tus manos, Padre, todo está bien”.

ALGUIEN ME EMPIEZA A CONTAR QUE ESTÁ ENFERMO

⇰ Si no me pide ayuda, NO ME ENTROMETO. Le escucho mientras por dentro pienso: “Espíritu Santo, te entrego lo que veo/oigo porque no tiene sentido”.
⇰ Si me pide ayuda o está conforme en que le hable pero se arrepiente después, PARO DE HABLAR.
⇰ Si sigue queriendo: Me pongo en manos del Espíritu Santo (estoy relajado y confío).
⇰ No debo creerme “su película”, su historia. No tiene ningún sentido, por lo que NO REACCIONO NI CONDENO, aunque me haya enterado de todo, y no se lo cuento a nadie.
⇰ Si yo también siento algo parecido, entregamos los dos.
⇰ (Pienso en silencio) soy uno con la gran mente y sé que mis errores ya han sido corregidos, soy puro e inocente, no hay culpa.
⇰ (Pienso en silencio) nada de lo que veo es físico, sino mental.

PRÁCTICA

☛ YO SÓLO SOY UN GUÍA, NO CURO. Los errores los deshace el Espíritu Santo en cuanto la otra persona los entrega. El milagro ocurre en ese mismo instante, independientemente de lo que vea en el exterior. Texto, pág. 329.

☛ Dile: “ENTREGA AL Espíritu Santo LOS SÍNTOMAS DE TU CUERPO. Parece que eso es lo que te ha quitado la paz, pero no es así: no tenías paz antes de ello. No tiene sentido nada de lo que ves. A cambio de tu “regalo”, el Espíritu Santo te da nuestra Paz (Lección 331, 10.6) y te enseña tu identidad (Lección 93, 94, 95; MM, 43).

☛ Dile: ENTREGA AL Espíritu Santo tu reacción a esa situación. Es decir, ENTREGA LO QUE SIENTES O LOS PENSAMIENTOS QUE SE TE PASAN. Los sentimientos (rabia, tristeza, decepción, sentirse traicionado, enfado, envidia…) no nos convienen, porque son mentira y ocultan la Verdad, pero antes de que el Espíritu Santo los deshaga, debemos reconocer que los tenemos. Por ejemplo, el sentimiento de culpa es una mentira porque, aunque lo sienta, Yo no soy culpable. El Amor no es un sentimiento sino la Realidad, y los “sentimientos positivos” como la alegría son estados temporales antes de pasar al Gozo Eterno.

☛ YO APRENDO DEL ERROR. De poco sirve sentir y entregar si no aprendes de lo que te ha pasado. Volverás a pasar por lo mismo. SI le veo como un cuerpo, pensaré que YO SOY UN CUERPO.

Marcel Vincent, maestro UCDM en Murcia, España

La serie de artículos LA CORRECCIÓN DEL ERROR consta de 4 pasos que son:

CASO A La corrección del error en mí

CASO B La corrección del error en el prójimo

CASO C La corrección del error: salud/enfermedad (versión extendida de La verdadera sanación)

CASO D La corrección del error: la creencia en la enfermedad

La corrección del error: salud/enfermedad

LA CORRECCIÓN DEL ERROR CASO C: LA VERDADERA SANACIÓN

Este artículo es una revisión del artículo La verdadera sanación, añadiendo un CASO C a los anteriores artículos de la corrección del error. En total La corrección del error consta de 4 artículos que son A, B, C y D.

TÚ ELIGES SI SEGUIR CIEGO O EMPEZAR A VER DE VERDAD. TÚ ELIGES QUÉ QUIERES VER AL MIRAR EL MUNDO: UNIDAD O DUALIDAD. SALUD O ENFERMEDAD.

¿SOY EL HIJO DE DIOS INOCENTE, PURO O CREO QUE SOY UN ALMA TENIENDO UNA EXPERIENCIA EN UN CUERPO?

En la SALUD sé que no existe la enfermedad, pues la única enfermedad es la de la mente, sólo adoro a Dios.

Los síntomas son símbolos de los errores en el interior. No emitiré juicio, le pediré al Espíritu Santo en mi interior que corrija el error mientras recuerdo que no soy un cuerpo. En cuanto al exterior, no importa lo que haga, no creo en el bien o el mal. Puedo ir al médico, y si no se van los síntomas puedo ir a que me hagan “reiki”, otras terapias o tomar medicinas alternativas. Yo no soy un cuerpo, todo está bien.

En el mundo de la dualidad, mi cuerpo (que NO SOY YO) manifestará unas veces lo que parece un funcionamiento “normal” y otras no. El Ser es lo que realmente importa. Mi cuerpo es un vehículo: si se me estropea lo llevo al taller, pero no lo hago el centro de mi vida.

Si los demás me ven enfermo, es que ellos siguen creyendo en la enfermedad, y al juzgarme se estarán juzgando a sí mismos, por lo que la culpa en ellos seguirá intacta. Pido al E.S. que vean la luz que yo ya veo, les deseo que ellos se den cuenta de que son inocentes y no culpables. Y al hacer esto me recuerdo a mí mismo que yo soy Santo. Cuanto más lo repita, más difícil será que lo olvide.

En la ENFERMEDAD yo creo en ella, porque veo señales (síntomas) que dan fe de ello.

(no veo manchas) / (sí veo manchas)

(no veo inflamación) / (sí veo inflamación)

(esto está bien) / (esto está mal)

Si hay humo por fuera ¿debe haber un incendio?

Si no hay un síntoma ¿mi cuerpo está sano?

Solución: Yo no soy un cuerpo, no es real ni estar sano ni enfermo. Mi ilusorio cuerpo manifestaría sólo salud si yo no tuviera errores de pensamiento. Si quiero estar sano estoy RECHAZANDO estar enfermo, lo que es igual a miedo y creencia en la enfermedad, lo que me hace atraerla. Cuando uso “magia” por cualquier método, pongo fe en que me va a ayudar a arreglarlo.

♦ ♦ ♦

HAY QUE TRABAJAR EN EL NIVEL INTERNO Y EXTERNO A LA VEZ, NO ELEGIR ENTRE ELLOS. NO SOY UN CUERPO, ASÍ QUE NO TIENE SENTIDO ESTA DIVISIÓN SI NOS AGARRAMOS A LA VERDAD, PERO COMO AÚN NO SOMOS CONSCIENTES DE ELLA, SE TIENE QUE EXPLICAR ASÍ.

1) NIVEL EXTERNO: TODOS LOS MÉTODOS SON IGUALMENTE VÁLIDOS PARA SER USADOS “AFUERA”. Si rechazo un método particular o sobre-valoro el que me gusta estoy cometiendo un error. Es la fe que le pongo (EL PODER DE LA MENTE DEL HIJO DE DIOS) lo que hace que funcione.

2) NIVEL EXTERNO: NO SOY UN CUERPO. EL CUERPO MUESTRA SÍNTOMAS (manchas, dolor, enrojecimiento, sequedad, etc), QUE SON REFLEJO DE LOS ERRORES EN MI INTERIOR (que han de ser identificados, uno de ellos es la creencia en la enfermedad o en la curación). TODO ES MENTAL.

3) NIVEL EXTERNO: NO EXISTE CURACIÓN AQUÍ FUERA, sólo cambios en la forma (y todos son ilusorios, falsos, no fiables, aunque también hay que encargarse de ellos (ver punto 5). LA VERDADERA CURACIÓN ES LA CORRECCIÓN DE LOS ERRORES EN EL INTERIOR. Sin embargo, SI TENEMOS FE EN EL MÉTODO QUE QUERAMOS, ESOS SÍNTOMAS PUEDEN DESAPARECER. ESTO NO NOS LIBRA DE QUE PUEDAN APARECER EN EL FUTURO (mismos o diferentes síntomas).

4) NIVEL EXTERNO: Si alguien me pide que le ayude tengo que tener claras las siguientes REGLAS:

(1) (pienso en silencio) SOY UNO CON LA GRAN MENTE Y SÉ QUE MIS ERRORES YA HAN SIDO
CORREGIDOS, SOY PURO E INOCENTE, NO HAY CULPA.
(2) (pienso en silencio) NADA DE LO QUE VEO ES FÍSICO, SINO MENTAL.

5) NIVEL EXTERNO: Como hay que trabajar con los dos niveles a la vez, no tiene sentido, si tengo un dolor (o cualquier otro síntoma), aguantar el dolor. Mientras me encargo del interior, puedo ir a que me hagan Reiki, puedo ir al médico, puedo inundar a alguien con luz (esa persona no es un cuerpo y por eso la luz no viene de arriba, no hay cuerpo, todo es mente), o puedo ponerme acupuntura, etc…..




6) NIVEL EXTERNO: Si alguien NO me pide que le ayude con un problema físico, pero quiere desahogarse, le escucho SABIENDO (esta es la verdadera compasión) que SIGUE SIENDO TAL COMO DIOS LO HIZO: ESPÍRITU PURO Y FELIZ, y que lo que veo, su cuerpo, es el vehículo que usa mientras estamos en este sueño llamado Universo. NO HAY PROBLEMA, YO Y ÉL SOMOS INOCENTES, NO HAY CULPA, TODO ESTÁ BIEN. Puedo decirle con una sonrisa: “ah si?, aha, mmm, aha,” pero no creo que esté enfermo. Por supuesto, si le duele, le duele, pero no hay enfermedad. VER  la extensión del CASO C más abajo.

7) NIVEL INTERNO: LO QUE VEO AFUERA ES CONSECUENCIA DE MIS ERRORES.

LA MAYORÍA DE VECES NO SABEMOS QUÉ ERROR HEMOS COMETIDO. POR ESO LE PEDIMOS Y CONFIAMOS QUE EL E.S. LO BORRARÁ. ESTO SE PRODUCE EN EL INSTANTE. NO JUZGARÉ SI SE HA CORREGIDO O NO EN BASE A SI SIGUEN LOS SÍNTOMAS. SI ÉSTOS SIGUEN Y YO TENGO SENTIMIENTOS NEGATIVOS POR ELLO, ENTREGO ESTAS EMOCIONES, Y LA VISIÓN DE LOS SÍNTOMAS. TODO ES CUESTIÓN DE CONFIANZA, Y ESTO SE LOGRA MANTENIÉNDOME FIRME Y TRANQUILO: TODO QUEDA PERDONADO Y CORREGIDO, Y HE COMPRENDIDO EN QUÉ FALLÉ PARA NO HACERLO MÁS (Jesús: “vete y no peques más”).

8) NIVEL INTERNO : AL CORREGIR MIS ERRORES, COMO SOY UN NIÑO, SÉ QUE HE COMETIDO 25.647 ERRORES EN ESTA VIDA ACERCA DE LA SALUD, ASÍ QUE ESTE QUE ACABO DE COMETER ES EL 25.648 (jeje). NO SENTIRSE CULPABLE (error) es SENTIRSE TOTALMENTE LIBRE PARA CAMBIAR LO QUE HAYA QUE CAMBIAR.

VAMOS A CONCRETAR MÁS.

LA CORRECCIÓN DEL ERROR: PRÁCTICA. CASO C) ERROR DE CREER QUE ESTOY ENFERMO

CONDICIONES PREVIAS:
⇰ Cuando me sienta mal o me han dicho que tengo una enfermedad, haré esto:
⇰ Ponerme en manos del Espíritu Santo (estoy relajado y confío).

PRÁCTICA

☛ NO NIEGO LO QUE SIENTO, he de reconocerlo. Lección 333, pág 502.

☛ NO SÉ NADA. Los errores los deshace el Espíritu Santo en cuanto se los entrego. El milagro ocurre en ese mismo instante, independientemente de lo que vea en el exterior. No tengo que hacer nada por mi cuenta, salvo los puntos más abajo. Por lo tanto, no es necesario investigaciones por mi cuenta, o encargárselas a otro. Texto, pág. 329.

☛ ENTREGO AL E.S. LA SITUACIÓN que he percibido externamente. Parece que eso es lo que me ha quitado la paz, pero no es así: yo no tenía paz antes de ello. No tiene sentido nada de lo que veo. Si me duele algo, lo entrego y voy al médico (etc) si es necesario. A cambio de mi “regalo”, el Espíritu Santo me da la Paz, (Lección 331, 10.6) y me enseña mi identidad (Lección 93, 94, 95; MM, 43).

☛ ENTREGO AL E.S. mi reacción a esa situación, recuerdo o pensamiento. Es decir, ENTREGO LO QUE SIENTO. Los sentimientos (rabia, tristeza, decepción, sentirse traicionado, enfado, envidia…) no nos convienen, por que son mentira y ocultan la Verdad, pero antes de que el Espíritu Santo los deshaga, debemos reconocer que los tenemos.

☛ APRENDO DEL ERROR. De poco sirve sentir y entregar si no aprendo de lo que me ha pasado. Volveré a pasar por lo mismo. La lección es que no soy un cuerpo. Todas las personas tienen errores mentales, pero manifiestan cuerpo sano o enfermo. Si no hay paz, debo ir a mi interior y empezar otra vez desde el principio de la página, porque puede haber más de una inquietud interior o creencia. Si alguien me cuenta que está enfermo, leer el CASO D.

Marcel Vincent, maestro UCDM

La serie de artículos LA CORRECCIÓN DEL ERROR consta de 4 pasos que son:

CASO A La corrección del error en mí

CASO B La corrección del error en el prójimo

CASO C La corrección del error: salud/enfermedad (versión extendida de La verdadera sanación)

CASO D La corrección del error: la creencia en la enfermedad

La verdadera sanación

LA VERDADERA SANACIÓN

Tú eliges si seguir ciego o empezar a ver de verdad. Tú eliges qué quieres ver al mirar el mundo: ¿unidad o dualidad?

Soy el Hijo de Dios,inocente y puro o creo que soy un alma teniendo una experiencia en un cuerpo, esta es la diferencia entre estar sano o enfermo.

Puedo saber que no existe la enfermedad, sólo adoro a Dios. O puedo creer en la enfermedad porque veo señales (síntomas) que dan fe de ello.

SALUD

Los síntomas, son símbolos de los errores en el interior. No emitiré ningún juicio. Le pediré al Espíritu Santo en mi interior, que corrija el error mientras recuerdo que no soy un cuerpo.

En cuanto al exterior, no importa lo que haga (no creo en el bien/mal). Puedo ir al médico, y si no se van los síntomas puedo ir a que me hagan reiki o tomar medicinas alternativas, etc… Todo está bien mientras no haga Dioses de estas terapias. En el mundo de la dualidad, mi cuerpo (que no soy yo), manifestará unas veces lo que le parece un funcionamiento “normal” y otras veces no.

ENFERMEDAD

Veo manchas en mi piel, inflamación, esto está bien o esto está mal… Si hay humo ¿por fuerza debe haber un incendio? Si no hay un síntoma… ¿mi cuerpo está sano? Solución: No es real ni estar sano ni enfermo. Mi ilusorio cuerpo manifestaría sólo salud si yo no tuviera errores de pensamiento. Si quiero estar sano estoy rechazando estar enfermo, lo que es igual a miedo y creencia en la enfermedad, lo que hace que la atraiga. Cuando uso “magia” (cualquier método vale) pongo fe en que me va a ayudar a arreglarlo.

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CONCLUSION

El Ser es lo que realmente importa. Mi cuerpo es un vehículo: si se me estropea lo llevo al taller, pero no lo hago el centro de mi vida. Si los demás me ven enfermo, es que ellos siguen creyendo en la enfermedad, y al juzgarme, se estarán juzgando a sí mismos, por lo que la culpa en ellos seguirá intacta. Pido al Espíritu Santo que vean la luz que yo ya veo, les deseo que ellos se den cuenta de que son inocentes y no culpables, y al hacer eso me recuerdo a mí mismo que yo soy Santo. Cuando más lo repita, más difícil será que lo olvide.

Hay que trabajar en el nivel EXTERNO e INTERNO a la vez, no elegir entre ellos.

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NIVEL EXTERNO:

1) Todos los métodos son igualmente válidos para ser usados “AFUERA”. Si rechazo un método particular o sobre-valoro el que me gusta estoy cometiendo un error. Es la fe que le pongo (el poder de la mente del Hijo de Dios) lo que hace que funcione.

2) No soy un cuerpo. El cuerpo muestra síntomas (manchas, dolor, enrojecimiento, sequedad, etc), que son el reflejo de los errores en mi INTERIOR (que han de ser identificados, uno de ellos es la creencia en la enfermedad o en la curación). TODO ES MENTAL.

3) No existe curación aquí fuera, sólo cambios en la forma (y todos son ilusorios, falsos, no fiables, aunque también hay que encargarse de ellos, ver punto 5). La verdadera curación es la corrección de los errores en el interior. Sin embargo, si tenemos fe en el método que queramos, esos síntomas pueden desaparecer, pero esto no nos libra de que puedan aparecer en el futuro (mismos o diferentes síntomas).

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4) Si alguien me pide que le ayude tengo que tener claro las siguientes REGLAS:

(1) (pienso en silencio) Soy uno con la Gran Mente y sé que mis errores ya han sido corregidos, soy puro e inocente, no hay culpa.
(2) (pienso en silencio) Nada de lo que veo es físico, sino mental.

5) Como hay que trabajar con los dos niveles a la vez, no tiene sentido, si tengo un dolor (o cualquier otro síntoma), aguantar el dolor. Mientras me encargo del interior, puedo ir a que me hagan Reiki, puedo ir al médico, puedo inundar a alguien con luz (esa persona no es un cuerpo y por eso la luz no viene de arriba, no hay cuerpo, todo es mente), o puedo ponerme acupuntura, etc…..

6) Si alguien NO me pide que le ayude con un problema físico, pero quiere que le confirme con gestos o palabras, la verdadera compasión, debemos saber que no hay problema. Tanto él como yo somos inocentes, no hay culpa, todo está bien (y así proyecto la verdad sobre él). Puedo decirle con una sonrisa: “¿ah si?, aha, mmm, aha,” pero no creo que esté enfermo. Por supuesto, si le duele, le duele, pero no hay enfermedad. Si me pide ayuda (o me pregunta por qué no le hago caso), puedo decirle la verdad, pero si en seguida se niega a escucharla, debemos echar un paso atrás y dejarlo: “me has pedido mi opinión/mi ayuda”)

NIVEL INTERNO:

1) Lo que veo fuera es consecuencia de mis errores.

a) La mayoría de veces no sabemos qué error hemos cometido, por eso le pedimos al Espíritu Santo y confiamos que él los borrará. Esto se produce en el mismo instante. No juzgaré si se ha corregido o no en base a si siguen los síntomas. Si éstos siguen y yo tengo sentimientos negativos por ello, entrego estas EMOCIONES, y la visión de los síntomas. Todo es cuestión de confianza, y esto se logra manteniéndome firme y tranquilo: todo queda perdonado y corregido, y he comprendido en qué fallé para no hacerlo más. Jesús dice: vete y no peques más.

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b) No hace falta investigar por nuestra cuenta cual ha sido el error. Si lo vemos claro sin haberlo estudiado, entregamos el error al Espíritu Santo, ya que no debo actuar por mi cuenta.

2) Al corregir mis errores, como soy un niño, sé que he cometido 25.647 errores en esta vida acerca de la salud, así que éste que acabo de cometer es el 25.648, jeje. No sentirse culpable (error) es sentirse totalmente libre para cambiar lo que haya que cambiar.

Marcel Vincent, Maestro de UCDM

Yo soy tu síntoma

Yo soy tu síntoma

Hola querido huésped, yo tengo muchos nombres para ti: dolor de rodilla, acné, dolor de estómago, reumatismo, asma, mucosidad, gripe, dolor de espalda, ciática, cáncer, depresión, migraña, tos, gripe, dolor de garganta, insuficiencia renal, diabetes, hemorroides… y la lista sigue y sigue. Me he ofrecido como voluntario para el peor trabajo posible: ser el portador de noticias poco gratas para ti.

Tú no me comprendes, nadie me comprende. Tú piensas que quiero fastidiarte, echar a perder tus planes de vida, todos piensan que quiero entorpecerles, hacerles daño o limitarles. Y no, eso sería un completo disparate. Yo, el síntoma, simplemente intento hablarte en un lenguaje que comprendas. Que entiendas.

miedo por creencia

A ver, dime algo, ¿tú irías a negociar con terroristas, tocando a su puerta con una flor en la mano y una camiseta con el símbolo de “paz” impreso en la espalda? ¿No, verdad?.

Entonces, ¿por qué no comprendes que yo, el síntoma, no puedo ser “sutil” y “suavecito” cuando debo darte el mensaje?. Me golpeas, me odias, con todo el mundo te quejas de mi, de mi presencia en tu cuerpo, pero no te tomas ni un segundo en razonar y tratar de comprender el motivo de mi presencia.

Sólo te escucho decirme: “Cállate”, “vete”, “te odio”, “maldita la hora en que apareciste”, y mil frases que me hacen impotente para hacerte comprender. Pero yo debo mantenerme firme y constante, porque debo hacerte entender el mensaje.

¿Qué haces tú? Me mandas a dormir con medicinas. Me mandas callar con tranquilizantes, me suplicas desaparecer con antiinflamatorios, me quieres eliminar con quimioterapias. Intentas día a día, taparme, sellarme, callarme. Y me sorprende ver que a veces, hasta prefieres consultar brujas y adivinos para que de forma “mágica” yo me vaya de tu cuerpo.

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Y yo, cuando mi única intención es darte un mensaje, soy totalmente ignorado.

Imagínate que soy esa alarma con sirena en el Titanic, esa que intenta de mil formas decirte que de frente hay un Iceberg con el que vas chocar y hundirte. Sueno y sueno por horas, por días, por semanas, por meses, por años, intentando salvar tu vida, y tú te quejas porque no te dejo dormir, porque no te dejo caminar, porque no te dejo trabajar, pero sigues sin escucharme… ¿Vas comprendiendo?

Para ti, yo el síntoma, soy “La Enfermedad”. ¡Qué cosa más absurda!. No confundas las cosas. Y vas al médico, y pagas por docenas de consultas médicas. Gastas dinero que no tienes en medicamento tras medicamento. Y sólo para callarme.

Yo no soy la enfermedad, soy el síntoma. ¿Por qué me callas, cuando soy la única alarma que está intentando salvarte?

La enfermedad, “eres tú”, “es tu estilo de vida”, “son tus emociones contenidas”, eso sí es la enfermedad. Y ningún médico aquí en el planeta tierra, sabe cómo combatir enfermedades. Lo único que hacen es combatirme, combatir el síntoma, callarme, silenciarme, desaparecerme, ponerme un maquillaje invisible para que tú no me veas.

Y sí, está bien si ahora que lees esto, te sientes un poco molesto sí. Esto debe ser algo como un “golpazo a tu inteligencia”. Está bien si por ahora te sientes un poco molesto o frustrado. Pero yo puedo manejar tus procesos bastante bien y los entiendo. De hecho, es parte de mi trabajo, no te preocupes. La buena noticia es que depende de ti no necesitarme más. Depende totalmente de ti, analizar lo que trato de decirte, lo que trato de prevenir.

Cuando yo, “el síntoma”, aparezco en tu vida, no es para saludarte, no, es para avisarte que una emoción que contuviste dentro de tu cuerpo, debe ser analizada y resuelta para no enfermarte. Deberías darte la oportunidad de preguntarte a ti mismo: “¿Por qué apareció este síntoma en mi vida?”, “¿Qué querrá decirme?”, “¿Por qué está apareciendo este síntoma ahora?”, “¿Qué debo cambiar en mí para ya no necesitar de este síntoma?”.

Si dejas este trabajo de investigación, sólo a tu mente, la respuesta no te llevará más allá de lo que has hecho años atrás. Debes consultar también con tu inconsciente, con tu corazón, con tus emociones.

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Por favor, cuando yo aparezca en tu cuerpo, antes de correr al doctor para que me duerma, analiza lo que trato de decirte, de verdad que por una vez en la vida, me gustaría ser reconocido por mi trabajo, por mi excelente trabajo, cuanto más rápido hagas conciencia del por qué de mi aparición en tu cuerpo, más rápido me iré.

Poco a poco descubrirás, que entre mejor investigador seas, menos veces vendré a visitarte. Y te aseguro que llegará el día en que no me vuelvas a ver ni a sentir. Al mismo tiempo que logres ese equilibrio y perfección como “analizador” de tu vida, tus emociones, tus reacciones, tu coherencia… te garantizo que jamás volverás a consultar a un médico ni a comprar medicinas.

Por favor, déjame sin trabajo.

¿O piensas de verdad que yo disfruto lo que hago? Te invito a que reflexiones, cada que me veas aparecer, el motivo de mi visita. Te invito, a que dejes de presumirme con tus amigos y familia como si yo fuera un trofeo.

Estoy harto de que digas:
“¡Ay! pues yo sigo con mi diabetes, ya ves que soy diabético”.
“¡Ay! pues ya no aguanto el dolor en mis rodillas, ya no puedo caminar”.
“Siempre yo con mi migrañas”.
Me presumes como si yo fuera un tesoro del cual no piensas desprenderte jamás.

Mi trabajo es vergonzoso. Y te debería dar vergüenza presumirme ante los demás. Cada vez que me presumes, realmente estás diciendo: “Miren que débil soy, no soy capaz de analizar ni comprender mi propio cuerpo y mis propias emociones, no vivo en coherencia, ¡mírenme, mírenme!”.

Por favor, haz conciencia, reflexiona y actúa. Cuanto mas pronto lo hagas, ¡más rápido me iré de tu vida!

Atentamente, El síntoma.

Autor desconocido

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