El legado de nuestros padres

EL LEGADO DE NUESTROS PADRES
Emma Cuadrado

“Si te crees muy iluminado, ve y pasa una semana con tus padres” (Ram Dass)

Se habla mucho de cómo educar a nuestros hijos, hay infinidad de libros, cursos, artículos, etc. Incluso en la prensa es un tema que se trata muy a menudo. Sin embargo, como hijos que hemos sido todos, pocas veces se menciona cómo influye en nuestra vida lo que pensamos que nuestros progenitores, o educadores en su defecto, nos dejaron en herencia y que muchas veces se refleja claramente en nuestra forma de relacionarnos con nuestros propios hijos.

Sería interesante plantearnos cómo reconciliarnos con nuestros padres, ya que muchas de las carencias que sufrimos, y que pensamos que fueron culpa de ellos, no son más que creencias arraigadas basadas en experiencias que vivimos durante la infancia sin ser plenamente conscientes de lo que significaban en ese momento y sin la capacidad ni las herramientas para afrontarlo y perdonarlo.

Los padres son muy importantes, dentro del sistema familiar son quienes nos dieron la vida y son nuestra conexión directa con la fuerza de nutre nuestra existencia. Sanar la relación con ellos es un trabajo básico para estar en paz con uno mismo. Aunque ellos ya no estén presentes o nos parezcan situaciones muy lejanas en el tiempo siempre se puede iniciar un trabajo de perdón y aceptación desde un punto de vista nuevo. Ahora es un buen momento, el mejor momento, para comenzar a mirar con otros ojos a nuestros padres, con una mirada llena de amor.

NO PODEMOS SANAR NUESTRA VIDA SI NO SANAMOS NUESTRA RELACIÓN CON NUESTROS PADRES

Seguramente muchas de las cosas que nos duelen en la vida son en mayor o menor medida el reflejo de la relación con nuestra familia, aunque pensemos que no tiene nada que ver con ellos. Podemos hacer una labor de introspección y preguntarnos qué hay en el fondo de nuestro dolor y si tiene que ver con alguna experiencia de nuestra infancia, observar a quién culpamos y ponernos en su lugar en ese momento, tratando de comprender por qué actuaron de esa manera. No olvidemos que ningún padre nace sabiendo y que lo hicieron siempre lo mejor que pudieron y supieron.
Perdonar ahora nos asegura seguir adelante sin cargas tan pesadas y libera a nuestros padres de la culpabilidad, lo que relaja la relación con ellos, aunque ya no estén en nuestra vida.

NO SIEMPRE FUE UN CAMINO DE ROSAS

Conviene recordar que hay etapas en la infancia, y sobre todo en la adolescencia, que suponen un caos en la estructura de cualquier familia. No todos los adolescentes son iguales ni todas las respuestas a esa fase son las mismas pero es positivo darse cuenta, aunque sea pasados los años, que ningún padre o madre conoce cómo encarar esa situación de antemano por muy informado que se esté y que nuestros padres llevaban su propia carga emocional a la que hay que unir la carga emocional propia de esas edades.
Honrar el trabajo que hicieron y el esfuerzo que supuso nos ayuda a valorarlos y sentirnos orgullosos de su lucha y todo lo bueno que seguro nos enseñaron.

SEGUIR JUZGANDO Y REPROCHANDO NOS QUITA LA LIBERTAD

Llevar a cabo un ejercicio de reconciliación con nuestro padre o nuestra madre nos devuelve la libertad para construir una nueva relación con ellos más saludable y fructífera que se reflejará en nuestra paz interior. Nuestros padres hicieron todo lo que podían y sabían con lo que tenían, si juzgamos estamos en una guerra continua que no aporta nada positivo a nuestras vidas salvo continuar en un círculo vicioso y en el papel de víctima.
Algunas terapias recomiendan expresar todos esos reproches, juicios y frustraciones por escrito para no dejar que se enquisten dentro y luego quemarlos, por ejemplo, en una especie de ritual de sanación.

padres hijos

LA RELACIÓN CON LOS PADRES PRUEBA NUESTRO GRADO DE CONSCIENCIA

Si nos centramos en lo que deberían haber hecho o dicho o qué no debieron hacer o decir, estamos reviviendo el pasado una y otra vez. Con frecuencia ciertas voces del pasado nos repiten mentalmente frases como “nunca llegarás a ser nadie”, “no vales para nada”, “no eres bueno”, “eres malo”, “eres tonta”, etc. Frases que pronunciaron nuestros padres en un momento del pasado en una situación y bajo una perspectiva concreta. Si eres capaz de tomar esas voces como lo que son, pensamientos condicionados por ese momento pasado, ya no tendrás que creerlos ni identificarte con ellos.
Consciencia significa presencia. Solo la presencia puede diluir el pasado.
Crecer e interiorizar que nuestra vida nos pertenece, que por mucha carga que se acumule en nuestra espalda, lo que somos a partir de ahora depende de nosotros, es quizá uno de los aprendizajes más necesarios para una vida en armonía con nuestro ser más profundo. Perdonar y limpiar la relación con nuestros padres es una garantía de paz interior duradera y ese trabajo nadie más que uno mismo puede hacerlo.

Emma Cuadrado, estudiante de Un curso de milagros