París: una lección de perdón

París: una lección de perdón

Anoche, toda Europa se fue a la cama con la terrible noticia de los atentados de París. Para el resto del mundo era otra hora del día, pero eso no importa. Millones de personas se sintieron aterrorizadas con todo lo sucedido, que tras el momento de caos inicial parece haber quedado en más de cien muertos y decenas de heridos. Explosivos, fusiles de asalto y otras herramientas espeluznantes parecieron realizar una matanza, en la cual también murieron ocho “terroristas”, ocho muertes que apenas han causado dolor a nadie, pues se ha juzgado de antemano a estos hermanos como la causa de muerte y destrucción.

atentados parís

Me viene a la cabeza la lección 135 de Un curso de milagros: Si me defiendo he sido atacado. También me vienen algunas más: El perdón es la llave de la felicidad, Nada de lo que veo significa nada, Detrás de esto se encuentra el milagro que reemplaza todos mis resentimientos, y tantas otras…

Dice Un curso de milagros. No hay nada externo a ti. Esto es lo que finalmente tienes que aprender, pues es el reconocimiento de que el Reino de los Cielos te ha sido restaurado. Pues eso fue lo único que Dios creó, y Él no lo abandonó ni se separó a Sí Mismo de él.

UCDM nos dice que no sólo no debemos juzgar, sino que no podemos juzgar. Pues al renunciar a los juicios renunciaremos a una ilusión, o dicho de otra forma, creemos haber renunciado a algo. No es posible juzgar, pues ni sabemos todos los hechos ni todos los acontecimientos. El juicio sólo puede realizarlo el que Sabe. Y el que Sabe no juzga, puesto que El Hijo de Dios es inocente y el pecado no existe.

Nada de lo que creemos ver está sucediendo, no es ni más ni menos que el reflejo externo de nuestra mente enferma, la cual está falta de perdón y de amor. Sabemos que somos una única mente, unida a la de nuestro Creador. Practicamos estas frases en los ejercicios y, sin embargo, cuán difícil se hace ponerlas en práctica… Nuestras mentes están conectadas, y nuestros juicios, miedos y culpas inconscientes, reflejan externamente el caos existente en nuestro interior. Todos somos uno: las “víctimas” y los “verdugos”.

No puedes aceptar o rechazar la corrección sin incluir a tu hermano. El pecado mantendría que sí puedes. Mas la razón te dice que no puedes considerar a tu hermano o a ti mismo como un pecador y seguir percibiéndolo a él o percibiéndote a ti mismo como inocente. ¿Quién que se considere a sí mismo culpable podría ver un mundo libre de pecado? ¿Y quién puede ver un mundo pecaminoso y considerarse al mismo tiempo ajeno a ese mundo?.

En lugar de juzgar pide perdón. Pide perdón a tu hermano por haber proyectado con tus pensamientos que tuviera que realizar un acto aparentemente tan atroz. Para esto se instauró la expiación. Cada uno vive su sueño, y todos se conectan en el mundo que creemos estar viendo. Cada cual realiza su papel, convenientemente plasmado en la obra de teatro de la humanidad, para que el Plan Divino surta efecto y todos los hermanos podamos despertar de este absurdo sueño de terror, muerte y destrucción.

En este mundo el perdón es el equivalente de lo que en el Cielo es la justicia. El perdón transforma el mundo del pecado en un mundo simple, en el que se puede ver el reflejo de la justicia que emana desde más allá de la puerta tras la cual reside de lo que carece de todo límite.


Nos creemos seres individuales capaces de juzgar al otro, y olvidamos, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez… que todo lo que el otro parece hacer está en mi. Con mis pensamientos puedo cambiar eso. Mi padre me da todo poder, dice una lección. Vine a salvar al mundo, dice otra… No olvides que las lecciones están para todos. No eres el único que ha venido a realizar estas tareas tan importantes asignadas por el Padre. Tus hermanos aprenderán la misma lección que tú, aunque en un tiempo (aparentemente) diferente.

La brecha entre vosotros no es el espacio que hay entre vuestros cuerpos, pues ese espacio tan sólo da la impresión de dividir vuestras mentes separadas. La brecha entre vosotros es el símbolo de una promesa que os habéis hecho de encontraros cuando os parezca, y luego separaros hasta que los dos decidáis encontraros de nuevo.

Debemos integrar de una vez por todas la idea de que somos un único Ser unido a nuestro Creador. Si algo me molesta de un hermano debo darle gracias, pues está mostrándome lo que debo cambiar en mi. Esto es tan válido si lo que esta situación te está mostrando es la rabia hacia los atacantes, o el terror de los testigos, o el dolor de las familias, o la aparente muerte de las víctimas… Cada uno de nosotros percibirá con gran dolor una de estas cosas, y a otros nos dolerá infinitamente el pensar en otras… Nada importa, todo es falta de Unidad. Todo es falta de Amor.

Aprender significa cambiar. La salvación no intenta valerse de medios que todavía sean tan ajenos a tu modo de pensar que no te sirvan de nada, ni tampoco es su intención producir cambios que tú no puedas reconocer. Mientras perdura la percepción habrá necesidad de conceptos, y la tarea de la salvación es cambiarlos. Pues tiene que lidiar valiéndose de contrastes, no de la verdad, la cual no tiene opuestos ni puede cambiar. De acuerdo con los conceptos del mundo, los culpables son “malos”y los inocentes “buenos” Y no hay nadie aquí que no tenga un concepto de sí mismo que cuenta con lo “bueno” para que le perdone lo “malo”.

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Acabemos esta lección para siempre recordando esto:

No intercambiaré milagros por resentimientos. Quiero únicamente lo que me pertenece. Dios ha establecido mi derecho a los milagros.

Y nunca olvides esta verdad, que habla tanto de ti como de tu hermano, tenga el papel que tenga:

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

Bendiciones,

Irene Balsalobre, Estudiante de UCDM

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