La verdadera sanación

LA VERDADERA SANACIÓN

Tú eliges si seguir ciego o empezar a ver de verdad. Tú eliges qué quieres ver al mirar el mundo: ¿unidad o dualidad?

Soy el Hijo de Dios,inocente y puro o creo que soy un alma teniendo una experiencia en un cuerpo, esta es la diferencia entre estar sano o enfermo.

Puedo saber que no existe la enfermedad, sólo adoro a Dios. O puedo creer en la enfermedad porque veo señales (síntomas) que dan fe de ello.

SALUD

Los síntomas, son símbolos de los errores en el interior. No emitiré ningún juicio. Le pediré al Espíritu Santo en mi interior, que corrija el error mientras recuerdo que no soy un cuerpo.

En cuanto al exterior, no importa lo que haga (no creo en el bien/mal). Puedo ir al médico, y si no se van los síntomas puedo ir a que me hagan reiki o tomar medicinas alternativas, etc… Todo está bien mientras no haga Dioses de estas terapias. En el mundo de la dualidad, mi cuerpo (que no soy yo), manifestará unas veces lo que le parece un funcionamiento “normal” y otras veces no.

ENFERMEDAD

Veo manchas en mi piel, inflamación, esto está bien o esto está mal… Si hay humo ¿por fuerza debe haber un incendio? Si no hay un síntoma… ¿mi cuerpo está sano? Solución: No es real ni estar sano ni enfermo. Mi ilusorio cuerpo manifestaría sólo salud si yo no tuviera errores de pensamiento. Si quiero estar sano estoy rechazando estar enfermo, lo que es igual a miedo y creencia en la enfermedad, lo que hace que la atraiga. Cuando uso “magia” (cualquier método vale) pongo fe en que me va a ayudar a arreglarlo.

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CONCLUSION

El Ser es lo que realmente importa. Mi cuerpo es un vehículo: si se me estropea lo llevo al taller, pero no lo hago el centro de mi vida. Si los demás me ven enfermo, es que ellos siguen creyendo en la enfermedad, y al juzgarme, se estarán juzgando a sí mismos, por lo que la culpa en ellos seguirá intacta. Pido al Espíritu Santo que vean la luz que yo ya veo, les deseo que ellos se den cuenta de que son inocentes y no culpables, y al hacer eso me recuerdo a mí mismo que yo soy Santo. Cuando más lo repita, más difícil será que lo olvide.

Hay que trabajar en el nivel EXTERNO e INTERNO a la vez, no elegir entre ellos.

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NIVEL EXTERNO:

1) Todos los métodos son igualmente válidos para ser usados “AFUERA”. Si rechazo un método particular o sobre-valoro el que me gusta estoy cometiendo un error. Es la fe que le pongo (el poder de la mente del Hijo de Dios) lo que hace que funcione.

2) No soy un cuerpo. El cuerpo muestra síntomas (manchas, dolor, enrojecimiento, sequedad, etc), que son el reflejo de los errores en mi INTERIOR (que han de ser identificados, uno de ellos es la creencia en la enfermedad o en la curación). TODO ES MENTAL.

3) No existe curación aquí fuera, sólo cambios en la forma (y todos son ilusorios, falsos, no fiables, aunque también hay que encargarse de ellos, ver punto 5). La verdadera curación es la corrección de los errores en el interior. Sin embargo, si tenemos fe en el método que queramos, esos síntomas pueden desaparecer, pero esto no nos libra de que puedan aparecer en el futuro (mismos o diferentes síntomas).

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4) Si alguien me pide que le ayude tengo que tener claro las siguientes REGLAS:

(1) (pienso en silencio) Soy uno con la Gran Mente y sé que mis errores ya han sido corregidos, soy puro e inocente, no hay culpa.
(2) (pienso en silencio) Nada de lo que veo es físico, sino mental.

5) Como hay que trabajar con los dos niveles a la vez, no tiene sentido, si tengo un dolor (o cualquier otro síntoma), aguantar el dolor. Mientras me encargo del interior, puedo ir a que me hagan Reiki, puedo ir al médico, puedo inundar a alguien con luz (esa persona no es un cuerpo y por eso la luz no viene de arriba, no hay cuerpo, todo es mente), o puedo ponerme acupuntura, etc…..

6) Si alguien NO me pide que le ayude con un problema físico, pero quiere que le confirme con gestos o palabras, la verdadera compasión, debemos saber que no hay problema. Tanto él como yo somos inocentes, no hay culpa, todo está bien (y así proyecto la verdad sobre él). Puedo decirle con una sonrisa: “¿ah si?, aha, mmm, aha,” pero no creo que esté enfermo. Por supuesto, si le duele, le duele, pero no hay enfermedad. Si me pide ayuda (o me pregunta por qué no le hago caso), puedo decirle la verdad, pero si en seguida se niega a escucharla, debemos echar un paso atrás y dejarlo: “me has pedido mi opinión/mi ayuda”)

NIVEL INTERNO:

1) Lo que veo fuera es consecuencia de mis errores.

a) La mayoría de veces no sabemos qué error hemos cometido, por eso le pedimos al Espíritu Santo y confiamos que él los borrará. Esto se produce en el mismo instante. No juzgaré si se ha corregido o no en base a si siguen los síntomas. Si éstos siguen y yo tengo sentimientos negativos por ello, entrego estas EMOCIONES, y la visión de los síntomas. Todo es cuestión de confianza, y esto se logra manteniéndome firme y tranquilo: todo queda perdonado y corregido, y he comprendido en qué fallé para no hacerlo más. Jesús dice: vete y no peques más.

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b) No hace falta investigar por nuestra cuenta cual ha sido el error. Si lo vemos claro sin haberlo estudiado, entregamos el error al Espíritu Santo, ya que no debo actuar por mi cuenta.

2) Al corregir mis errores, como soy un niño, sé que he cometido 25.647 errores en esta vida acerca de la salud, así que éste que acabo de cometer es el 25.648, jeje. No sentirse culpable (error) es sentirse totalmente libre para cambiar lo que haya que cambiar.

Marcel Vincent, Maestro de UCDM

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